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17/02/2014
DE UNA ORDENANZA DE LOCUTORIOS EXCLUYENTE A OTRA IGUALITARIA

Artículo de Blanca Guinea (Concejala de EAJ-PNV en Vitoria-Gasteiz)

Publicado el 17.02.2014 en el "Diario de Noticias de Álava"

DE UNA ORDENANZA DE LOCUTORIOS EXCLUYENTE A OTRA IGUALITARIA

 

El Pleno del Ayuntamiento de Vitoria-Gasteiz aprobó en enero de forma inicial la Ordenanza de locutorios, un documento que responde a los principios de igualdad de trato y respeto a la legalidad actualmente vigente. Así lo valoramos en el Grupo Municipal del EAJ-PNV y por ello hemos trabajado.  Todo empezó cuando el PP, respondiendo a la particular cruzada del alcalde contra las personas venidas de fuera en busca de una vida digna, presentó en noviembre un proyecto de ordenanza claramente discriminatorio y con tintes xenófobos, aspecto que fue denunciado públicamente por nuestro Grupo Municipal, otros partidos de la oposición, colectivos sociales y medios de comunicación.

¿Preocupa este asunto a la mayoría de la ciudadanía gasteiztarra? No. Preocupa a las y los usuarios de este servicio, a sus gestores y a quienes tienen locutorios cerca de sus viviendas. Y seguramente no a todos. ¿Es imprescindible y prioritaria esta ordenanza? Tampoco. ¿Es conveniente abordar este asunto? Desde nuestro punto de vista, sí. Por ello presentamos 14 enmiendas al proyecto de ordenanza del alcalde, 13 de las cuales han sido aceptadas. Nuestro objetivo estaba claro: cambiar el texto de arriba abajo y que el resultante fuera respetuoso con los derechos de todas las partes implicadas: clientela, gestores/as y ciudadanía. Y eso es lo que ha sucedido. 

¿Cuál ha sido la actitud de los socios antipresupuestarios Bildu y PSE? Presentar una enmienda a la totalidad (posición respetable ¡cómo no!) y, a partir de ahí, ausentarse del debate en comisión, adoptando la cómoda posición de rehuir la discusión y la búsqueda de la mejor norma posible. Si todos hiciéramos lo mismo y cada vez que no coincidimos con los planteamientos de los demás rehuyéramos el debate, poco avanzaríamos, máxime en una sociedad tan fragmentada políticamente como la nuestra.

De Bildu poco más  diré. Su posición habitual es el “no” a todo, la negación al acuerdo y  la  crítica exacerbada, pero -eso sí- solo  cuando están en la oposición. En cambio, allí donde gobiernan realizan llamamientos y exigencias a la responsabilidad de los demás. Y si ese acuerdo no es posible, acusan de política destructiva a quienes no aprueban sus propuestas. ¡Qué cosas! Por su parte, el Partido Socialista ha hecho un encendido discurso en contra de la ordenanza del PP. Defienden que Vitoria-Gasteiz no debe tener una ordenanza de locutorios -ni buena, ni mala, ni regular- como si un instrumento (que es lo que es una ordenanza) fuera en sí mismo malo con independencia de su contenido. Y, claro, una no deja de asombrarse cuando quien  defiende eso lideró el PERI para el Casco Viejo, en el que taxativamente se prohibían los locutorios en esa zona de la ciudad por peligrosos. Ni siquiera podía haber uno solo.

Blanca Guinea 

No deja de sorprender que al Partido Socialista le parezca de extrema gravedad la existencia de una ordenanza de locutorios en nuestra ciudad y, por el contrario, haya sido el mismo PSE quien ha puesto en marcha ordenanzas similares a ésta en diferentes ayuntamientos del Estado y también aquí en Euskadi. Concretamente el señor Maroto se inspiró en la de Portugalete, feudo actual del PSE, para limitar en  600 metros la distancia mínima entre locutorios. Curiosamente para poder salir de esta flagrante contradicción se  agarran “al contexto”. Dicen que en  Portugalete  se puede exigir esa distancia mínima entre locutorios porque, al parecer, su alcalde es respetuoso con la diferencia. Pero bueno, ¿600 metros en Vitoria y la localidad vizcaína no son exactamente lo mismo? ¿Es que acaso no es  igual de discriminatorio, e incluso allí más dada la extensión de ambos núcleos urbanos? Por cierto, la mayor distancia exigida que he visto entre todas las ordenanzas revisadas.

Apelaba el PSE al contexto en que se plantean  estas ordenanzas para poder justificar tamaña disparidad de criterio. Pues bien, este es el contexto en el que el Grupo Municipal del EAJ-PNV ha optado por una ordenanza de locutorios como instrumento para garantizar la igualdad de trato, el libre comercio y la convivencia pacífica. Por un lado, Vitoria-Gasteiz tiene un alcalde al que no le gustan las personas venidas de fuera a buscar un modus vivendi que les permita desarrollar una vida digna. Hay muchos ejemplos que dan fe de ello, hasta el punto de que fue reconvenido por esto en un Pleno municipal. Pero no hay que olvidar que Maroto está ahí porque su partido es el que más votos obtuvo en las pasadas elecciones municipales, algo que esperamos que no ocurra en las próximas. Por otro lado, en nuestra ciudad, básicamente cohesionada y solidaria, hay una minoría que ve a las personas inmigrantes como una amenaza o como alguien que viene a aprovecharse. No ayudan a superar esta situación ni las alusiones negativas hacia este colectivo realizadas por algunas personas relevantes de la ciudad, ni la creencia o percepción de falta de control o de sobreprotección del mismo.

También hay que tener en cuenta a las propias personas inmigrantes que conviven con nosotros y que también tienen sus propias percepciones y sobre todo vivencias de su estancia en nuestra ciudad. Hemos hablado con ellas, con colectivos en los que se organizan, con expertos de este ámbito,… y lo que nos cuentan es que, en general, no perciben igualdad de trato desde la máxima autoridad de nuestro municipio. Y en particular lo sienten así las personas origen magrebí y los colectivos latinos les dan la razón. Como ejemplo, nos hablan de las dificultades para abrir mezquitas, de las acusaciones -muchas de ellas sin prueba- de fraude sistemático en las prestaciones, de sus periódicas denuncias sobre presuntos fraudes en el Padrón, etc. Y, ligado a esto, su impotencia y su miedo a denunciar estos hechos sin saber hasta cuándo van a poder contener ese malestar. Estamos hablando en muchos casos de personas que llevan años asentadas en nuestra ciudad, trabajan, pagan impuestos y cotizan a la Seguridad Social, o que lo han hecho y la crisis también les ha afectado incluso más que a los lugareños. También están los llegados recientemente que piden una oportunidad. Sobre todo piden trabajo. Y también nos transmiten que hay que penalizar a los jetas, a quienes defraudan y a quienes delinquen. Y así lo expresan porque saben que es lo justo y que les perjudican.

Y este es el contexto en el que, desde nuestro punto de vista, hemos defendido y conseguido una ordenanza que garantiza la igualdad en derechos y obligaciones y que ha de de servir para poner límites a quien tenga la tentación de limitar o perjudicar los derechos de cualquier ciudadano/a, y para éstos, la garantía de hasta dónde se les pueden exigir en el cumplimiento de sus obligaciones. Ese ha sido nuestro objetivo, no convencer a Maroto de nada. El alcalde es quien es, está en el partido que está, dice lo que dice y hace lo que hace. Igual que lo hacemos el resto de concejales y concejalas de esta ciudad. Sobre si acertamos o no, es la ciudadanía gasteiztarra la que nos valora  cada día y la que emitirá su voto en el momento oportuno.

 

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